Carlos Raúl Hernández - Oposición
Foto: Lechuguinos.com
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“Víctima del apocalipsis zombi, loca, en el abismo, un caso histórico de estupidez política”, si alguien es duro con la oposición es el politólogo opositor Carlos Raúl Hernández.

Articulista de varios medios de comunicación e impulsor de la campaña de Henri Falcón, Carlos Raúl Hernández conversó sobre el escenario político que enfrenta la oposición en este momento.

 –En estos días hubo una reunión de líderes opositores y en las redes les cayeron encima a todos los asistentes. Parece que ya no solo se cuestiona el diálogo con el gobierno, sino también entre opositores. ¿Qué está pasando?

-Lo que se vino imponiendo y se impuso en la oposición fue lo que llamé en un artículo “el apocalipsis zombi”. Antes había unos grupitos radicalizados, bien identificados, que eran enemigos de todo lo que significase civilización política.

No se podía hablar con el gobierno, no se podía participar en procesos electorales, no se podía ir a medios de comunicación que estuvieran vinculados al gobierno, es decir, no se podía hacer nada que significara un poquito de cultura política, de convivencia.

Pero, al fin y al cabo, los partidos imponían sus líneas electorales, obtenían algunos éxitos y esos grupos  quedaban allí siempre como unos bolsones de radicalismo.

El problema está en que cuando los partidos decidieron no participar en las elecciones, primero en las de alcaldes y luego en las presidenciales, se produjo la invasión zombi, porque eso que era un pensamiento marginal se convirtió en un hecho predominante.

Ahora resulta que no solo el diálogo con el gobierno, sino con gente que tenga un pensamiento medianamente matizado en relación con otros grupos, implica la excomunión, acompañada de insultos.

Ha venido imponiéndose la actitud de que quien no piensa como yo es un hijo de su madre, un desgraciado, le preguntan qué cuánto le están pagando, cualquier cosa que se le ocurra al interlocutor. Eso es lo que está pasando y condena a la oposición a un desfiladero del que ya cayó.

No es que estamos al borde del abismo, es que estamos en el abismo, está la oposición en el abismo, solo que de repente puede aparecer un aparecer un bejuco para agarrarse, pero si siguen por esa vía no habrá bejuco.

-Tú has dicho que el caso de la oposición es psiquiátrico. ¿Cómo curarlo?, porque un sistema político estable necesita de una oposición sana.

-El país en general está loco y la oposición agarró por el camino de la locura. Hay algunos síntomas de que hay algunos dirigentes que quieren regresar a la estrategia democrática. Lo digo a propósito de esa reunión que hubo y que ocasionó un gran revuelo.

Hay que decir que la dirigencia rompió con esa estrategia en plena luna de miel, luego del triunfo en las elecciones de la Asamblea Nacional (2015). Uno suponía que vendría un largo período de felicidad, cobrando los resultados mediante una estrategia correcta, no conflictiva, no violenta.

Lo que vino fue lo contario: un matrimonio que se rompió a los tres meses de casados. Cuando se suponía que estaban en su mejor momento con la estrategia electoral, rompieron con ella y decidieron buscar esos caminos raros.

 Ahora pareciera que, en vista de que el tamaño de la catástrofe ha sido tan grande, ha hecho pensar a algunos que como que la cosa está saliendo mal.La reunión estuvo bien, pero lo malo es que hubo una agavillamiento contra los que se reunieron.

La reacción fue tan absolutamente primitiva que hace temer que eso no tiene recuperación. En estos días estaba en un programa en vivo en televisión y me llovían los insultos  y yo le dije: “Miren lo que crearon, miren lo que van a tener que derrotar”.

-Dentro de la oposición sí existen  estas facciones: ultraderecha, derecha, centroderecha… ¿Cuál está dominando?

-En la oposición hay gente que es claramente de derecha, pero otros son de izquierda o de centro. Hay gente que era de derecha y ahora quiere ser de izquierda y gente que era de izquierda y ahora quiere ser de derecha.

Pero, desgraciadamente, lo que está privando es la irracionalidad global. Por ejemplo, esa cosa que está haciendo en este momento Andrés Velásquez, llamando a un paro nacional, coincide absolutamente con la postura de María Corina Machado que pertenece a un estrato político completamente distinto.

Lo que predomina es una actitud irracional e irreflexiva frente a la realidad. Es decir, una negación de la realidad.

Abundando en este último aspecto, Hernández afirma que los sectores radicalizados de la oposición apoyan un supuesto Tribunal Supremo en el exilio, dicen que Maduro no es presidente ni Delcy Rodríguez es vicepresidenta, y aseguran que la Asamblea Constituyente es ilegítima.

“Es un mundo de fantasía. Dicen que el punto es salir de Maduro. Claro, lo ideal es morirse e ir para el cielo, lo ideal es tener 25 años, pero ya yo no los tengo. El punto es lo posible. Estos dirigentes no se pasean por el mundo de la realidad, sino que viven en una nave espacial dándole vueltas a la Tierra y mandando mensajes. Desgraciadamente esa visión irracional y fantasiosa de la política fue la que se impuso cuando la MUD llamó a no participar. Ahora el problema está en cómo recorrer el agua derramada”.

-En un artículo o en otra entrevista, afirmaste que a la MUD le impusieron la tesis de no participar. ¿Cómo funciona eso?

-Bueno, los partidos se enloquecieron en 2016, comenzaron a convocar a hacer disparates, locuras, que si la calle, la insurrección, la hora cero, los trancazos, un desfile de disparates que lo que provocaba era salir corriendo, y sufrieron dos sensacionales derrotas: el fracaso de la convocatoria a referendo y la propuesta de elecciones anticipadas, inconstitucionales que pedían a principios de 2017.

Esas dos derrotas los dejaron absolutamente en ridículo. La gente se rebeló contra eso en las elecciones de gobernadores. Entonces llamaron a no votar, nada menos que en las elecciones más importantes para los sectores  populares, que son las de las alcaldías. Allí se produjo la desmoralización total del electorado opositor.

Los partidos quedaron desencajados, desmoralizados, derrotados, batidos por el piso, desprestigiados sus dirigentes, y pasó a tomar el control la gente que menos sabe de política en Venezuela: eso que llaman la sociedad civil.

Sectores de la Iglesia que se meten en política de una manera diletante, a los que les encanta la política, pero no son políticos; Fedecámaras; algunos rectores, algunos académicos. Fueron esos los que tomaron la batuta en una reunión que se hizo en Montalbán. Les dieron directrices a los partidos sobre lo que tenían que hacer.

Los partidos que, como dije, estaban desmoralizados, oyeron esas directrices castigados, con orejas de burro mirando para la pared, y salieron a hacer lo que les dijeron unos señores que no saben absolutamente nada de política, que no se han ganado un voto ni para un condominio. Qué grado de desquiciamiento general de la política el que estamos viviendo.

-¿Cómo politólogo, conocías algún caso en el que frente a un deterioro tan importante de la vida cotidiana, en lugar de salir castigado el gobierno, haya salido castigada la oposición?

-Nunca, jamás. El caso de estupidez política más grande que he visto en mi vida y en los libros es este: un gobierno que tenía 85% del país en contra convoca a unas elecciones y la oposición dice que no va.

Eso no tiene comparación ni en las películas de Chaplin. Es un grado de idiotez que refleja que aquí tendrá que ocurrir algo nuevo porque quienes encabezaron eso no van a poder nunca remontar el hueco en el que se metieron ellos mismos porque no los metió nadie.

-Se ha dicho mucho que la oposición le hizo un gran favor a Chávez al subestimarlo y se lo siguen haciendo a Maduro. ¿Estás de acuerdo?

-Yo conocí a Chávez desde que éramos muchachos. Él siempre fue un monstruo para las maniobras, para las organizaciones, para los juegos de pelota. Levantaba tierra para que los fildeadores no pudieran ver la pelota cuando él estaba bateando… Un desastre, un tipo muy vivo, y en la política fue igual. Desgraciadamente, él no hizo en el gobierno algo distinto a lo que suele hacerse en las revoluciones.

Ahora, la oposición quiso traspasarle a Maduro el mismo desplante, la misma subestimación, pero si alguna cosa ha demostrado Maduro es que puede ser el peor presidente del mundo, pero como político les puede dar lecciones a todos los que se le oponen, puede darles clase.

Maduro salió muy mal en el proceso electoral de 2013, ganó por un pelo, estaba muy cuestionado en el partido, mucha gente lo llamaba “Maduro, el Breve”, y entonces empezaron los propios opositores a darle la posibilidad de que se reivindicara.

Hicieron aquello del 2014,las guarimbas, y Maduro lo asumió como su 11 de abril, como un golpe de Estado que él superó. Así ha hecho cada vez que a la oposición se le ha ocurrido armarse con esos ejércitos de luces de bengala.

El tipo les gana porque es inconcebible que a alguien que piense con cierto grado de normalidad, se le ocurra que va a derrocar a un gobierno armado, como todos los gobiernos, con unos muchachos en la calle, quemando cosas y con escudos de cartón. ¿En la cabeza de quién puede caber eso? Ahí es cuando tú dices “creo que no sirven”.

Maduro es tan mal gobernante como los dirigentes de la oposición son malos políticos. Ambos han despalillado fortunas. Maduro despalilló la fortuna económica del país, y los opositores despalillaron el capital político de las elecciones parlamentarias.

-¿Cómo ves la perspectiva inmediata? Vienen unas elecciones municipales.

-Estoy esperando a ver qué dice la oposición. Posiblemente habrá un referendo constitucional. Primero es necesario que el gobierno enseñe la Constitución propuesta para uno ver si votará a favor o en contra. Pero es un desafío electoral para la oposición.

Si la Constitución fuera, como me han dicho, más o menos lo mismo que la actual, podría abrirse la posibilidad de hacer un puente con el gobierno. Solicitar algunos cambios y aprobarla. Claro, yo sé que esto no entra ahorita en la cabeza de ningún opositor. Pero, bueno, si hay que votar NO, pues que se vote NO. En cualquier caso, es un reto electoral que está planteado.

Luego vienen las elecciones de concejales en diciembre, que es algo importante para los sectores populares. Y dentro de año y medio estaremos en el 2020 y habrá elecciones parlamentarias ¿Qué va a hacer la oposición? ¿No ir a ninguna? Si es así, que lo digan de una vez y salimos de eso, nos dedicamos a otros oficios, por ejemplo, a poner un quiosco para vender los libros de Ciencias Política que uno pueda haber acumulado.

Redacción Lechuguinos – Cortesía La Iguana

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