Estados Unidos - Socialismo
Foto: Lechuguinos.com
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Cada vez son más los candidatos o dirigentes que sin vergüenza alguna se definen como socialistas dentro de la política de los Estados Unidos.

Hubo un tiempo en que existía un Partido Socialista en Estados Unidos. Llegó a tener hasta 113.000 miembros y su candidato presidencial, en 1912, ganó un 6% de los votos, lo que, para un tercer partido no es fácil de lograr en el sistema electoral estadounidense. En los años 20, había más de 1.000 miembros del partido con cargos electos en algún nivel del gobierno. Eso fue antes de que la Guerra Fría convirtiera socialismo en sinónimo de todo lo que se oponía al estilo de vida americano.

El partido desapareció y fue refundado como organización política sin representación electoral, con el nombre Socialistas Democráticos de América (DSA en sus siglas en inglés). La idea de su fundador, Michael Harrington, era trabajar dentro del inmenso aparato del partido demócrata en pos de ideas más radicales, en lugar de intentar quitarle votos. Una idea que no resultó precisamente un acierto, al menos hasta hace un par de años. En 2016, tenía 5.000 miembros en un país de 325 millones de personas.

Pero en 2018, en plena carrera electoral para las legislativas de noviembre, la palabra socialista empieza a oírse de nuevo, y no solamente como ataque descalificador. Varias decenas de candidatos a cargos electos en todos los niveles, local, estatal y federal (42 en 20 estados diferentes según contabiliza AP) se autodenominan socialistas, algunos además anuncian sin empacho el apoyo del DSA a sus candidaturas; otros llegan más lejos, presentándose como miembros que pagan cuotas a la organización, cuyas filas han crecido en los dos últimos años hasta 45.000, mientras su número de capítulos locales ha pasado de 40 a 181.

El candidato al senado por Maine Zak Ringelstein es uno de ellos. La candidata a congresista por Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez, que ganó el pasado mes de julio las primarias frente a un potente miembro del aparato demócrata, es otra. Una candidata a gobernadora del estado de Nueva York de relieve, como es la actriz Cynthia Nixon, usa también la palabra “socialista” con cierta despreocupación.

“Es un crecimiento rapidísimo, pero no deja de ser una proporción muy pequeña de candidatos”, precisa el profesor de Políticas y Gobierno de la Universidad de Maryland, David Karol. “Todavía es arriesgado políticamente definirse como socialista en este país, aunque es cierto que se está viendo un cambio de percepción sobre todo entre los votantes más jóvenes, para quienes la Guerra Fría no es una referencia. Lo cierto es que la inmensa mayoría de los demócratas no usarían esa etiqueta jamás, pero el hecho de que haya aunque sea unos pocos que sí lo hagan es sin duda significativo”.

En Los Ángeles, donde está el segundo capítulo local más grande de todo el país (el primero es Nueva York), con 1.200 miembros, el aumento de interés se pudo percibir inmediatamente después de la victoria de Donald Trump en noviembre de 2016. Entonces, había 174 miembros. En unos meses, ascendieron a 355. Desde entonces no han parado de subir. “El día con el mayor número de afiliaciones fue el 27 de junio de este año, el día siguiente al triunfo de Ocasio-Cortez en Nueva York”, explica a El Confidencial Arielle Sallai, responsable de comunicación de los socialistas democráticos en Los Ángeles. “Vemos sobre todo gente joven que están viendo los resultados del capitalismo a su alrededor y no les gusta lo que ven, y quieren más igualdad”.

El cambio de percepción se ve también las encuestas: en 2016, el Instituto de Política de Harvard descubrió que el 16% de los jóvenes entre 18 y 29 años se identificaban como “socialistas”, y el 33% apoyaban las políticas socialistas. Solamente un 42% apoyaban al capitalismo sin ambages y la mayoría, el 51%, no lo apoyaban. Un año después, en 2017, el 42% de los millenials aseguraron en una encuesta de YouGov que preferían vivir en una sociedad capitalista, mientras el 44% eligió, sorprendentemente, una socialista.

“No creo que la mayoría de gente que responde a las encuestas esté pensando en un socialismo de tipo soviético, con control estatal de los medios de producción. Piensan en los ejemplos actuales que hay en Europa, Canadá, Australia, de socialdemocracia. Piensan en sanidad universal, en educación pública, en sindicatos fuertes y en impuestos progresivos”, puntualiza Karol. Ejemplos e ideas que se sitúan en EEUU a la izquierda del Partido Demócrata.

Tras la victoria de Ocasio-Cortez, que se convertirá con toda probabilidad en la primera congresista socialista en Washington, la página web del diccionario Merrian Webster registró un aumento considerable de las búsquedas de la definición de la palabra “socialista”: no está claro si esto significa un mayor interés por la postura ideológica o, simplemente, que todavía hay muchos estadounidenses que no saben lo que significa realmente. La propia Ocasio-Cortez, teniendo que explicarse en un programa de televisión, resumía así su postura. “Lo que yo defiendo es que en una sociedad moderna, ética y rica, nadie debería ser pobre”.

Son pequeños síntomas de un resquebrajamiento ideológico en el país de las oportunidades. La clase media disminuye. Los hijos de la clase media ya no tienen una vida mejor que sus padres. La desigualdad aumenta; la educación universitaria es cada vez más cara y endeuda a muchos estudiantes de por vida; la cobertura sanitaria es un laberinto de pagos y primas que no paran de subir; los trabajadores se jubilan cada vez más tarde; un 1% de ricos que siguen haciéndose más ricos mientras el asalariado medio no ve su nivel de vida mejorar sustancialmente.

Entra en esta escena, en las primarias de 2016, Bernie Sanders, un desconocido senador demócrata que despierta el entusiasmo inusitado de las nuevas generaciones hablando, entre otras cosas, de conceptos hasta entonces considerados radicales como la cobertura sanitaria universal o la subvención del gasto universitario. Es un candidato que no solo recibe el apoyo del DSA sino que se proclama orgullosamente “socialista”.

“Sanders ha atraído hacia el Partido Demócrata un montón de gente joven, activistas, y sin duda su legado se puede notar en un crecimiento de ideas más radicales dentro del partido que fructifican ahora. No necesitas ganar unas elecciones para ayudar a transformar un partido desde dentro”, apunta Karol. Transformar el partido demócrata y, de paso, atraer miembros al DSA. “Sin duda Sanders hizo muchísimo por normalizar el uso de la terminología”, coincide Sallai.”Mucha gente se siente marginada, estancada en las orillas. Organizarse con nosotros ayuda a sentirse útil, a poner esa rabia o esa pasión en algo concreto”.

Algunos candidatos demócratas se están dando cuenta de este giro de percepción, apoyando políticas que se consideran socialistas sin pronunciar la polémica palabra, como una sanidad universal o un programa de empleo estatal. Demócratas de perfil elevado como Elizabeth Warren (senadora por Massachussets y una de las potenciales candidatas para 2020) o Cory Booker (es alcalde de Newark y senador por New Jersey) o Kirsten Gillibrand (senadora por Nueva York) son algunos de ellos. Según el Comité de Campaña por el Cambio Progresivo, 33 de los 57 demócratas que se presentan al congreso en noviembre con posibilidades serias de ganar, apoyan la sanidad universal, por ejemplo, algo que hace cuatro años habría sido impensable.

“El mero hecho de que estas ideas entren en el debate político general es positivo”, tercia Sallai. La campaña “Medicare para todos” fue precisamente elegida como prioridad del DSA en su última convención el año pasado. Y en cuanto a los candidatos que sí usan la palabra socialista, precisa: “No hacemos como otras organizaciones; nuestro apoyo cuesta conseguirlo y cuando ponemos nuestros recursos al servicio de un candidato, estamos muy seguros de que está alineado con nuestras posturas”. Siempre es un riesgo, reconoce, porque lo que el candidato haga una vez elegido no está garantizado. Pero es mejor que no tener ninguna representación política.

“Tenemos un pie dentro del partido demócrata y otro fuera, lo mismo que tenemos un pie dentro del sistema electoral y otro fuera”, explicaba, de un modo un tanto críptico, su “directora” Maria Svart a CNN el pasado mes de Julio. “Nuestro objetivo es crear una gran base de trabajadores multirracial que exija más democracia en nuestra sociedad y en nuestra economía, lo que, dentro del sistema económico actual, no es posible. Por eso, aunque nuestro objetivo final es transformar el sistema completamente, a medio plazo compartimos programas como el de Bernie Sanders”.

De esta manera, el DSA funciona como una especie de ala radical dentro del Partido Demócrata; una organización paralela que acoge y apoya a los miembros más a la izquierda del partido. Constituirse como un tercer partido y presentarse por separado a las elecciones sigue sin entrar en sus planes. Pero si, como en el caso de Ocasio-Cortez, los candidatos apoyados por el DSA consiguen situarse en cargos electos, es bastante probable que la palabra socialismo pase de ser una búsqueda en el Merriam-Webster a convertirse en parte de la conversación de forma más habitual.

Redacción Lechuguinos – El Confidencial

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