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La ministra de la Familia, Mujer y Derechos Humanos de Brasil Damares Alves, afirmó que las niñas que viven en el estado amazónico de Pará, son víctimas de abuso sexual porque no llevan ropa interior.

Y, como para ser pastor evangélico hay que ser miserable y recalcitrante, la ministra del gobierno de Jair Bolsonaro, quien también es pastora evangélica, no mostró ni pizca de empatía por la violencia que viven miles niñas abusadas sexualmente y poco o nada defendidas por el Estado brasileño.

“Especialistas nos dijeron que las niñas de allá son violadas porque no tienen calzones, la niñas no usan calzones porque son pobres”, dijo Alves, en referencia a los altos índices de violaciones registradas en esa región.

La putrefacta propuesta nefasta presentada por la autoridad no fue otra si no impulsar la instalación de fábricas y empresas que vendan “esas prendas” para promover su uso, como si ésta, realmente fuese la razón de las violaciones y no las condiciones sociales del Brasil de hoy.

El gobierno de Bolsonaro sigue dejando bien claro que su palabra y acción están envueltos por un alto índice de misoginia y repudio por el pueblo y sobre todo por las mujeres mayormente vulnerables.

Redacción Lechuguinos

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